La Constitución Política del Estado es un texto, a saber un tejido, en consecuencia no es una colección de órdenes de cumplimiento inmediato, sino una combinación sugerente de posibilidades, de materiales con fuerza performativa, pues son materiales constitucionales.
Cualquier discurso sea oral o escrito es un tejido y atraviesa una serie de capas, de hebras. En este caso una Constitución, como se decía, es un texto, y no hay nada fuera de este texto, pues este mismo texto está afuera, convocando archivos, convocando instrumentos internacionales de derechos humanos, convocando derecho comunitario, convocando a las normas y procedimientos propios de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, convocando pluralismo.

El texto supone una serie de significaciones múltiples, capas sobre capas de textualidad. Cajas dentro de cajas, significantes dentro de significantes, esto nos puede dar una imagen de lo que es un texto, un tejido múltiple. Los constituyentes empacaron en la Constitución Política del Estado, una serie de derechos, de condiciones de estatalidad, de instituciones, de realidades posibles, de valores, de principios, de complejidad, de derechos propios de pueblos indígenas, de derechos de tradición republicana, de neoconstitucionalismos. De lo que trata esta Constitución anotada, concordada y comentada es de presentar varios despliegues de la Constitución, es decir de desempacar esto que se encuentra en cada uno de los artículos de la Constitución y que sólo puede ser comprendido al analizar los archivos del proceso constituyente, la historia constitucional boliviana, los instrumentos de derechos humanos, la doctrina, la jurisprudencia, las categorías políticas y jurídicas que respiran en cada uno de los artículos de la Constitución.

Todo texto está estructurado, inferido, de capas sobre capas, pliegues sobre pliegues, hebras sobre hebras. De manera que leer un texto es siempre un despliegue, un abrir el texto a su multitextualidad. Realizar estos despliegues es a lo que invita este trabajo.

Esta multiplicidad textual es siempre anterior a todo texto, es decir, en tanto tejido lo está en base a otras textualidades, por ello nunca hubo una primera vez para una Constitución, la primera vez, es ya, una segunda vez o una repetición. La multiplicidad textual supone un lugar en el cual se inscriben lugares múltiples. Esta multiplicidad es imposible de determinar de manera final, es decir determinarlo ya de una vez y para siempre, pues lo múltiple se abre detrás de ella en devenir. Por ello es una singularidad radical, un /frágil absoluto/, un despliegue que no es general ni universal, pero tampoco es particular, sino múltiple.

Detrás de cada uno de los cuatrocientos once artículos, diez disposiciones transitorias, una disposición abrogatoria y una disposición final, se abren los pliegues de la Constitución.

Entonces la Constitución Política del Estado se abre porque justamente ha sido construida, y a la vez se construye constantemente, en su aplicación, interpretación y en la búsqueda constante de significaciones.

Desplegar la Constitución entonces no significa destruirla, ni tampoco alisarla o simplificarla, ni mucho menos ir en busca del verdadero significado o la verdadera intención del Derecho que anida en sus artículos. La multiplicidad siempre se abre, y ello es ir en busca de sus despliegues es ir en busca de la justicia que se aplique al caso concreto.

Para el Centro de Estudios Constitucionales la justicia no es el Derecho. La justicia es aquello que pretende el Derecho, pero que a la vez es imposible. La justicia es imposible, y sólo puede sentirse en su ausencia, en su imposibilidad.

El despliegue que aquí se practica no busca la esencia de la justicia, el significado final de aquello que podría ser lo justo, porque la Constitución siempre puede ser algo más, ya sea de manera flexible, dúctil, porosa, pero ante todo este algo más es internamente amigable, modificable, en si mismo. Un intento de decidir, de decir lo que la justicia es, pero a la vez sin cerrar su decibilidad, sino más bien reafirmando su carácter de indecible.

Por lo señalado, a momento de tomar el despliegue como método, es preciso tomar las siguientes precauciones:

Primero, ir al texto mismo de la Constitución. Leerlo íntegramente, estar atento a cómo un término se convierte en categoría construida por la intertextualidad interna del texto constitucional. Como un artículo, un término, una categoría comienzan a ser invadidos, asediados, cercados, inscriptos por otros artículos, otros términos, otras categorías de la Constitución, es decir como un texto se abre. Esta tarea debe posibilitar descentrar y abrir las categorías, en los artículos, en los términos del mismo, para abrir un horizonte más rico de posibilidades de interpretación. Entonces una parte del despliegue se abre, es decir la multiplicidad se configura en las posibilidades de interpretación siempre abiertas. Pues la letra, por su estructura, es respetable, diseminadora, pública, incontenible, no está encadenada a cualquier sentido, definición, destino o contextos fijos. No se sostiene que el discurso no tenga sentido, o que todo valga sino, por el contrario, que tiene demasiados sentidos por lo cual se puede fijar su sentido sólo de manera tentativa y en cierta medida, para su aplicabilidad a un caso concreto.

Segundo, ir a aquello que está fuera del texto, pero que a la vez impacta en el mismo, es decir convocar al exterior constitutivo. Inicialmente este exterior constitutivo se encuentra conformado por los archivos del proceso constituyente, conforme a lo dispuesto en el parágrafo II del Artículo 196 de la Constitución, en los cuales es posible advertir una multiplicidad de posibilidades que pueden jugar como /voluntad del constituyente/. Respetamos la idea de /documentos, actas y resoluciones /señalado en el parágrafo II del Artículo 196, referido. Sin embargo pluralizamos su comprensión, pues de esta manera el horizonte de posibilidades se enriquece aún más y las posibilidades de descentrar la comprensión unívoca de un término se abre a mayores posibilidades. Asimismo este exterior constitutivo se encuentra en la condición de despliegue del texto a partir de la formación de la tradición constitucional. Toda tradición se sumerge en la historia, es decir toda tradición supone una colección de textos, de teorizaciones que pueden desplegarse en la lectura y análisis de la Constitución.

Tercero, la pluralidad en la interpretación constitucional no debe posibilitar el cierre, es decir no debe tratarse de cerrar la interpretación hacia la interpretación final o correcta, sino todo lo contrario, debe abrirla. En este sentido no se trata de tomar una definición final de lo que concierne a un artículo o a una categoría constitucional, esta tarea la deberá realizar una política constitucional y no así un despliegue de la Constitución. La falta, la ausencia de cierre es lo que posibilita pensar al Derecho y los derechos de manera múltiple, de manera dúctil, y es lo que permite pensar en una política constitucional futura, decidida por las posibilidades de lo performativo.

Cuarto, convocar a la densidad histórica de la Constitución, tanto a partir de la tradición constitucional boliviana desde el primer Decreto de 13 de agosto de 1825 considerado como la primera Constitución boliviana, pasando por los textos constitucionales bolivianos del siglo XIX y del siglo XX y las reformas constitucionales recientes. Convocar su densidad histórica supone también tratar de diseminar en el texto lo que pertenece a la reverberación de las luchas sociales y políticas que permiten comprender de mejor manera las categorías que posee un artículo de la Constitución.

Finalmente acercar la Constitución a la vida cotidiana, allí donde sus preceptos deben causar efecto, deben ser comprensibles. La Constitución, también llamada utopía concreta, debe ser la idea rectora, el mapa de navegación de una sociedad, de un Estado, de un conjunto de pueblos que buscan, con todos sus esfuerzos, vivir bien.

La Constitución Política del Estado, anotada, concordada y comentada es una invitación a recorrer la norma fundamental del Estado boliviano, a encontrar en ella las condiciones de posibilidad para una pluralidad de justicias que están aun pendientes.

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